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Una visita clave para que la Argentina redefina su vínculo con EE.UU

La visita a la Argentina de Jake Sullivan, emisario del presidente Joseph Biden y titular del Consejo Nacional de Seguridad (NSC) de la Casa Blanca, se convertirá hoy en un encuentro que va mucho más allá de la diplomacia protocolar para Alberto Fernández: el gesto marca un recalculo en las relaciones exteriores del gobierno y la cristalización del nuevo mapa geopolítico que busca mostrar la Casa Rosada de cara a los comicios legislativos.

Sullivan llegará hoy a Buenos Aires junto con Juan González, jefe del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y en los temas centrales de la agenda figuran la organización de un viaje de Alberto Fernández a Washington para fin de año, una vez que pasen las elecciones en la Argentina.

Se trata de toda una muestra de buenas intenciones del gobierno argentino a la administración demócrata de Estados Unidos y la visita de Sullivan forma parte del entramado diplomático que desde hace varios meses viene elaborando el embajador argentino en Washington, Jorge Arguello.

La embajada de Estados Unidos en Argentina adelantó que el Presidente y Sullivan “discutirán el fortalecimiento de los lazos estratégicos con respecto a las prioridades bilaterales y regionales, incluida la recuperación pandémica, la cumbre climática regional, el crecimiento económico compartido y la seguridad en nuestro hemisferio y en todo el mundo”.

Entre el almuerzo con el Presidente previsto en la quinta de Olivos, la reunión con el canciller Felipe Solá y una visita al secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Gustavo Béliz, el emisario de Biden se llevará un croquis de la “nueva vuelta de página”, como aseguran en el gobierno, quiere dar la Argentina a su relación con Estados Unidos. Habrá también un encuentro del enviado de Biden con empresarios para ver el otro costado de la realidad argentina.

Arguello tiene en carpeta un amplio listado de propuestas de inversiones norteamericanas para la Argentina que podrían destrabarse una vez que la pandemia disminuya.

Según pudo saber El Cronista se trata de inversiones en el campo energético y agrícola. Existe un canal abierto para cooperar en materia de cambio climático ya que la Argentina suscribió al Acuerdo de París que Biden quiere reforzar y que Alberto Fernández avala, a diferencia de Jair Bolsonaro en Brasil que rechazó desde un primer momento esa directiva.

El único percance en este tema es la reciente aprobación de la ley de biocombustibles que se aleja de los parámetros de bioetanol en mezcla con combustibles fósiles establecidos por el Acuerdo de cambio climático. Pero en la Casa Rosada aseguran que esa no es una traba porque la Secretaría de Energía podrá acomodar los porcentajes de mezcla a su gusto y amoldarse en el futuro al acuerdo de cambio climático sin inconvenientes.

En la agenda bilateral también está la idea de aumentar el flujo comercial y la cooperación en materia de ciencia y tecnología. A la vez, en la agenda de Fernández y Sullivan estará el tema de nuevas donaciones de vacunas contra el Covid-19 y, por supuesto, los agradecimientos de la administración Fernández a Biden por las negociaciones con el FMI.

Todo esto forma parte de la “agenda positiva” que quiere desplegar Buenos Aires con Washington en esta nueva etapa aunque las relaciones bilaterales también tienen su costado vidrioso que también será abordado en la visita de Sullivan. Se trata en este caso de al menos cuatro temas espinosos para ambas administraciones: la influencia de China en la región, el zigzagueo de Argentina con Rusia, la situación de Venezuela y las trabas de Washington a la importación de acero y biocombustibles argentinos.

La relación de la Argentina con China es mirada con recelo por Washington. Ya hubo objeciones de Washington por el avance de la tecnología 5G de la gigante china Huawei en el país, por la polémica estación de avistaje lunar de los chinos en Neuquén y por el desarrollo de un polo logístico en Tierra del Fuego con financiamiento de Beijing para abastecer a la Antártida.

El caso de Venezuela es complejo. La administración de Biden sigue presionando al régimen de Maduro a que llame a elecciones cuanto antes y apoya al presidente interino Juan Guaido. En cambio, Alberto Fernández no sólo sigue avalando indirectamente las violaciones a los derechos humanos en Venezuela al no contemplar los informes de la ONU, sino que se niega a aceptar la figura de Guaidó como salida de la crisis.

Sin embargo, es posible que haya un resquicio en medio de tantas diferencias y que ello sea avanzar en negociaciones con Maduro por medio del Grupo Contacto o en una eventual presidencia de la Argentina en CELAC para forzar a Venezuela a cambiar su rumbo.

Los vínculos de Rusia y la Argentina están más fríos de lo que parece y esas relaciones se limitan hoy al acuerdo con Moscú para enviar las vacunas Sputnik V. El embajador argentino en Rusia, Eduardo Zuain, un allegado a Cristina Kirchner, solo cumple funciones diplomáticas protocolares en estos días por una simple cuestión: las negociaciones por las vacunas sólo pasan por las manos de Carla Vizzotti o Cecilia Nicolini y los proyectos rusos de energía nuclear, infraestructura o desarrollo en defensa para la Argentina están totalmente frenados por falta de fondos.

El tema de las trabas que impuso Estados Unidos en la era Trump al acero y los biocombustibles argentinos es un reclamo que hizo Macri en su momento y que ahora retomó Alberto Fernández. No se trata de un tema menor: hay más de 1.500 millones de dólares en juego que la industria argentina podría embolsar anualmente. Arguello trabaja activamente en este tema con la Secretaría de Comercio norteamericana pero aun no hay resultados a la vista.

No obstante, más allá de estos escollos visibles, la intención de Alberto Fernández es mostrarse más amigable con Washington y dar vuelta la página a aquellos años de desencuentros de Cristina Kirchner con la administración de Obama y luego con Trump. El mundo de hoy es otro y la Argentina sueña con un nuevo mapa geopolítico para compartir con Estados Unidos.

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