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La seguridad alimentaria como cuestión de Estado

Por Abigail Rodríguez.

La producción de alimentos orgánicos viene ganando terreno en nuestro país, pero su acceso se ve obstaculizado por diversos factores. Para los creadores de “La Lombriz Urbana”, el Estado debería ingresar en el debate con el fin de garantizar calidad de vida a los ciudadanos.

Martín Betancud es ingeniero agrónomo y hace unos años, junto al Licenciado en Administración Franco Porfiri, comenzó a desarrollar un biofertilizante a base de hummus de lombriz.

La idea surgió al observar la cantidad de residuos que se desechan en la feria de Guaymallén, que ronda las ocho toneladas diarias de alimento. Decidieron reciclar una parte de ello; sumarle guano, diversas técnicas de compostaje, extractos; e incorporarlo al trabajo descomponedor que realizan las lombrices. Así surgió un producto que obtuvo grandes resultados tanto en su aplicación en suelo como en hojas de plantas.

“Las lombrices trabajan con microorganismos descomponedores benéficos para las plantas. Ayudan y estimulan el crecimiento de la raíz, favorecen los mecanismos de defensa de las mismas, equilibran el ambiente previniendo un desfasaje de algunas plagas o enfermedades y logran un equilibrio biológico que impide enfermedades”, explicó Martín.

A partir de allí, se abocaron al desarrollo de nuevos productos y ya cuentan con una gama que incluye: jabón potásico (insecticida ecológico que previene hongos); extracto de ajo (repelente de insectos, antifúngico y antibacteriano) y trichoderma (un hongo restaurador de suelos que coloniza la raíz y la protege de posibles enfermedades y ataques).

El objetivo de este emprendimiento es mejorar el suelo trabajando de forma ecológica y pensando en la rentabilidad a largo plazo, incluyendo la sustentabilidad. Sus creadores realizan un planteo superador: “retomar la agricultura entendiendo el ambiente y las interacciones biológicas, incorporando la técnica y la experiencia desarrollada junto con productores”, precisó Betancud.

De esta manera, se enfocaron en suplir una necesidad local, la falta de bioinsumos, incluyendo el uso de recursos propios. El ingeniero destacó que “Argentina usa poco sus residuos. Podemos darle una utilidad porque, si no, también generamos mucha contaminación”.

A esta carencia se suma la falta de legislación en el área y la ausencia de políticas públicas que incentiven el desarrollo local y la investigación, planteando un modelo beneficioso para el consumo ciudadano, las prácticas sustentables y el cuidado del medio ambiente. En 2016, se creó la Cámara Argentina de bioinsumos, que apunta a lograr estos objetivos, pero aún de forma incipiente.

Desde “La Lombriz Urbana” trabajan con productores y familias que cultivan sus propios alimentos de forma orgánica. La meta a largo plazo es garantizar la seguridad alimentaria para consumo masivo que, según afirman, debería ser la meta como país, pero que se topa con la dificultad de acceso debido a los altos costos que posee el alimento orgánico.

En ese sentido, Martín expresó que “la cadena de distribución es muy amplia y termina generando altos precios que impiden el consumo, concentrando las ganancias en el intermediario. Estamos tratando de que existan cadenas de distribución entre el productor y el consumidor más cortas y que el destinatario final pueda obtener alimentos sanos a precios accesibles”.

Por otro lado, existe la contradicción de que quien busca producir sano debe pagar una certificación y a quien no realiza buenas prácticas o producciones sustentables no se le exige nada. De allí la necesidad de incluir al Estado en este debate.

Un ejemplo de la viabilidad de este proyecto es el éxito que obtuvieron este año los creadores de “Lombriz Urbana” con la producción de espinaca agroecológica, que ha sido solicitada por una cadena de supermercados de Buenos Aires al comprobar el rendimiento, la calidad y sanidad de los productos.

A su vez, hay otros emprendimientos que se están dedicando a ello y están formando una cadena de productores, “nos dio la pauta de que es posible producir orgánico y masivo. Hay que romper el mito que creó la revolución verde: la necesidad de meter muchos agroquímicos. Estamos demostrando que se pueden tener muy buenos resultados y mejores rendimientos sin recurrir a ello”, cerró el emprendedor.

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