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Su relato histórico y su legado: “Semper Ascende”

Por Daniel Grilli

El 14 de mayo de 1858, durante el gobierno de Juan Cornelio Moyano, se creó el Departamento de Campaña de Guaymallén con cabecera en el actual San José.

El 26 de setiembre de 1895 el Honorable Concejo Deliberante de Guaymallén adoptó el escudo que representa dos flechas entrelazadas a una rama de vid, simbolizando el origen indígena y el trabajo agrícola característico del lugar. Además posee cinco plumas que representan los cinco aborígenes que tuvieron contacto con los primeros españoles: Guaymaré, Tobar, Allayme, Tabalqué y Coyunta. En la base del escudo se encuentra una inscripción en latín, “semper ascende” que significa ascended siempre.

A 162 años de la creación de nuestro departamento, la frase del escudo sigue siendo la guía para todos los  que habitamos este bendito suelo.

Nuestra afirmación se basa en que un grupo pequeño de pobladores autóctonos y extraños a esta tierra, tejieron con sus manos infinitas madejas de acequias y canales que dieron paso a que la tierra brindara sus mejores frutos.

De la misma manera, otros criollos e inmigrantes después de la llegada del ferrocarril hilvanaron cientos de vías y caminos que conectaron a nuestro departamento con el resto de la provincia, el país y el mundo.

Esa ha sido la base de nuestro desarrollo en el departamento de Guaymallén, ascender siempre, progreso tras progreso, que hoy podemos admirar, recorrer y disfrutar. Pero toda esta labor es producto de las mujeres y hombres que se afincaron en nuestro territorio, y hoy a un siglo y medio de su creación, nosotros podemos apreciar.

Vaya este recordatorio para nuestro departamento en las personas que aquí han vivido, soñado y dejaron su impronta. Hoy a 159 años de su creación rescatamos a esos individuos conocidos o desconocidos, que con su labor y esfuerzo, han cumplido con el mandato que impone nuestro escudo departamental. Hagamos juntos un recorrido memorioso por los rincones de nuestro Guaymallén, buscando esa impronta de ascender y progresar.

En primer lugar, rescatemos del pasado a los primeros moradores, nuestros ancestros huarpes, representados hoy en la significativa Plazoleta Guaymaré, conocida también como del Indio, en las proximidades de la Terminal de Ómnibus.  Rastros de aquella presencia indígena y su trabajo bajo el dominio de los españoles, queda en la toponimia, la referencia a El Infiernillo, en razón de existir hornos con fuego permanentes en los que se cocinaban ladrillos, tejas y botijas, siendo estas tierras las que comprenden hoy el distrito de Dorrego de Guaymallén. Ellos, nuestros huarpes fueron los que lograron encauzar las aguas, moldear su arcilla y obtener frutos de sus sembradíos en la gran ciénaga.

Luego vinieron otros extranjeros que sumaron su esfuerzo al de los criollos, y la ciénaga fue dando paso a viñas, parrales y chacras. El recuerdo que aparece más claro es el de la vieja feria de Guaymallén, que funcionaba donde está la Terminal de Ómnibus, allí cientos de vendedores ofrecían sus productos y el altoparlante promocionaba, en la voz de la joven Milka Duran, las ofertas del día.

Y caminando hacia el norte del departamento llegamos al populoso sector de Pedro Molina, que se encontraba conectado por uno de los dos puentes existentes entre Guaymallén y Capital. Es allí donde Juan Draghi Lucero, sitúa algunas de sus novelas, cuando recuerda los bodegones del Zanjón, levantados allí donde la costa del canal ofrecía cientos de cañaverales.

Siguiendo el recorrido imaginario llegamos a Bermejo donde las arboledas añosas nos cuentan del trabajo de laboriosos agricultores, artesanos, productores lecheros y reconocidos artistas. También fue tierra profusa de vitivinicultura con renombradas Bodegas, como por ejemplo Tomba, a la que le llegaba el ferrocarril desde la estación Buena Nueva e ingresaba con sus vagones para la carga del vino. Allí mismo se instaló un club de rugby  que aún ocupa las instalaciones de la vieja bodega.

Más allá, siguiendo por nuestro departamento, llegamos al sector productivo por excelencia, los distritos de Colonia Segovia, Colonia Molina, Los Corralitos, Puente de Hierro, La Primavera y Kilómetro 8. En ellos las manos de cientos de agricultores hicieron de esta ciénaga, un predio apto para el cultivo, rompiendo la tosca, haciendo sangrías para que el agua discurra y cuidando su trabajo de las heladas. Es allí donde la producción de horticultura, floricultura, vitivinicultura, entre otras, destacan el duro trabajo del hombre por crecer y dejar su huella marcada.

Otro recuerdo que atraviesa nuestro pasado, fruto del trabajo de muchos hombres, es el ferrocarril. Hoy viejas vías oxidadas y otras con marcas actuales, atraviesan la geografía de Guaymallén. Los nombres de dos distritos nos hablan de ese pasado: Kilómetro 8 y Kilómetro 11. Ellos indican la distancia existente del Circuito Guaymallén, entre la estación Fray Luis Beltrán y Estación Espejo. Esta desviación ferroviaria permitía que los trenes provenientes de San Juan con producción vitivinícola, no ingresaran a la estación Mendoza.  Esas líneas férreas cumplen a raja tabla el slogan del departamento, nos permitieron ascender, y conectar los sectores productivos con los mercados consumidores, como el desvío a la Bodega Santa Ana, o el nudo vial de la Estación Belgrano.

Rodeo de la Cruz, es otro de los distritos de Guaymallén que cumplió con el mandato fundacional del departamento, ya que dos inmigrantes y sus familias bregaron para que este lugar se convirtiera en ciudad. Ellos fueron las familias Piccione y Passera, las que en 1912 se arriesgaron y emprendieron proyectos inmobiliarios, que se plasmaron en Kilómetro 11 y Rodeo de la Cruz respectivamente.

Tres distritos poseen una denominación religiosa, que hace referencia al pasado confesional cristiano, Capilla del Rosario, poseedora de la capilla histórica que fue testigo de los hechos más destacados del siglo XIX en la historia mendocina. Jesús Nazareno que también posee una capilla histórica que data de 1834, y San Francisco del Monte, donde los sacerdotes de la Orden Franciscana poseían una casa de descanso.

Villa Nueva, cabecera del departamento, ya que la sede de gobierno tiene su sitio en este distrito y se destaca por la actuación de hombres y mujeres que se animaron a superar los límites impuestos, y por ejemplo jugaron un papel clave en el aspecto cultural, como lo fueron Justo López de Gomara, Alfredo Bufano o Tito Laciar por nombrar algunos solamente.

Distrito Las Cañas, un regalo para el ensueño, por sus tonadas y canciones. Allí, en la antigua Cañadita Alegre las reuniones sociales tenían una característica propia, la música, el baile y el canto. La casa del Negro Aguilar, era el refugio para que artistas como   Diógenes Caballero, Homero Saldaña Molina, Dante Pelaia, Julio Quintanilla y el dúo Cuadros-Morales, hicieran de la palabra y los acordes una marca propia en el cancionero popular cuyano.

Quedarán seguramente en la memoria de los vecinos de nuestro departamento, cientos de historias por contar, pues adelante, el presente se nutre de las experiencias vividas, reconstruyamos nuestro ayer entre todos.

Cumplamos con la consigna fundacional, sigamos ascendiendo, sigamos dejando huellas en nuestro terruño. ¡Feliz aniversario vecinos de Guaymallén!

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