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Diario G24 noticias de Guaymallén, Mendoza y el mundo.

S.O.S. Cinturón verde

Por Nestor Iannizzoto 

El artículo describe de forma pormenorizada la actualidad del cinturón verde guaymallino. En este sentido, esboza causas principales de improductividad y abandono de tierras, como así también da cuenta del avance de novedosos proyectos inmobiliarios. Hacia el final exhorta a la decisión  conjunta entre técnica y política ante los desafíos inminentes.

Que Guaymallén posee uno de los cinturones verdes más importantes de país no es ya un secreto para nadie. De hecho, es el segundo en importancia a nivel nacional luego del de Berisso, en La Plata. Lamentablemente, desde hace algunos años se ha visto degradado y reducido en superficie por una multiplicidad de factores que, en mayor o menor medida, han disminuido su capacidad de producción.

Al analizar las amenazas a las que se expone el sector, lo primero que se observa es la proliferación de emprendimientos inmobiliarios que indudablemente han afectado cuantitativamente la producción. Sin embargo, al realizar un estudio más profundo se ve que dichos emprendimientos se han ubicado mayoritariamente en terrenos que se encontraban abandonados desde hacía tiempo. Por lo tanto, es necesario ahondar un poco más para encontrar la raíz del problema.

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Crédito: Franco Tascheret y Martín Ruchaj – Diario G24.

Al recorrer nuestros caminos rurales, se nota claramente que el porcentaje de abandono de terrenos potencialmente productivos, en la actualidad, es bastante alto y, al consultar a los propios productores, las razones que esgrimen suenan bastante contundentes:

  • Suelos agotados;
  • escasa rentabilidad;
  • altísimos costos de producción;
  • precios bajos;
  • población envejecida (por ende, escasa mano de obra);
  • nulo acceso al crédito;
  • Estado ausente;
  • disponibilidad hídrica escasa y de mala calidad;
  • inseguridad y
  • contingencias climáticas.

Como se observa, no aparece en los primeros lugares la presión inmobiliaria. Por lo tanto, las soluciones deben ser buscadas en otro lado. Es evidente que se deberán desarrollar programas a largo plazo y políticas de Estado que los respalden.

En el sistema europeo, el manejo de los cinturones verdes periurbanos o zonas de interfase presenta una clara tendencia hacia los cultivos bajo cubierta o invernaderos. Al ser comparados con los cultivos a cielo abierto tradicionales, ese tipo de producción posee varias ventajas:

  • Alto rendimiento en reducida superficie;
  • mejor control de plagas;
  • escasa contaminación;
  • baja necesidad hídrica y
  • posibilidad de desarrollo agroecológico.

Aunque también presenta algunas dificultades de implementación:

  • Necesidad de capacitación al productor;
  • inversión inicial importante;
  • diversificación de productos (nuestros productores, en cambio, tienden al monocultivo) e
  • introducción y manejo de nuevas tecnologías.

Desde luego, es un gran desafío. Pero, a esta altura de los acontecimientos, ya no resulta necesario sino imprescindible.

Otra opción que aparece como viable en un futuro no tan lejano es el desarrollo de cultivos hidropónicos. Actualmente, existen algunos establecimientos que están volcándose a este tipo de sistemas. A diferencia de un invernadero tradicional, en estos casos la inversión inicial (para estructuras, bombas, sistemas de riego, invernadero, etc.) es mucho mayor. Así también, la capacitación es bastante más compleja.

Desde luego, los resultados obtenidos también son diferentes. Los productos ‘baby’ y ‘gourmet’ son los utilizados en este tipo de sistemas y los precios de venta, comparados con un producto común, resultan altamente favorables. Está claro que, para que el proyecto funcione integralmente, hay que trabajar en la creación de nuevos mercados.

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Crédito: Franco Tascheret y Martín Ruchaj – Diario G24.

El caso de la acuaponía es más complejo todavía, ya que no solo hablamos de la producción de hortalizas (principalmente, lechuga Salanova) sino que es un sistema que se combina con la producción de proteína animal (cría de truchas). Esto hace que haya que potenciar fuertemente los tres pilares del sistema: capacitación, inversión y creación de nuevos mercados.

El panorama actual de la tendencia se observa complicado, pero las respuestas técnicas comienzan a aparecer. Dependerá, sobre todo, de una decisión política que habrá que tomar a corto plazo. El Estado no debe permanecer ajeno. Este cambio inminente no puede estar a cargo exclusivamente del productor. Los desafíos son grandes, pero el futuro parece promisorio. Ojalá estemos a la altura.

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