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CLOPPET: Sigamos el ejemplo de Perón para vencer los males de la Pandemia

El viernes 7 de julio de 1944 Juan D. Perón había sido designado vicepresidente de la Nación, manteniendo los cargos de ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión. El decreto firmado por el general Farrell le otorgó la superior dirección del ordenamiento social y económico argentino.

El mundo estaba en guerra desde hacia un lustro. Si bien la Argentina durante ese lapso fue neutral, las consecuencias de la guerra impactaron en nuestro país generando una crisis socio-económica. Ningún país de la tierra quedó exento de las secuelas de la 2ª Guerra Mundial, donde fallecieron alrededor de 60 millones de personas.

En esas complejísimas circunstancias, Perón creó mediante el Decreto Nº 23.847 del 25 de agosto de 1944, el Consejo Nacional de Posguerra (CNP), un órgano de política económica, social e industrial sin precedentes. ¿Porqué lo hizo? Como presidente del CNP, sostuvo que: “La vida civilizada, en general, y la económica, en particular, del mismo modo que la propia vida humana, se extinguen cuando falla la organización de las células que la componen. La redistribución de los recursos humanos, espirituales y materiales de un país, cuando se pasa de un período de normalidad a otro extraordinario o viceversa, requiere planes coordinados que no pueden dejarse a merced de la corazonada que inspire la exaltación de un sentimiento o la audacia de una improvisación. Determinar la política económica que conviene seguir a corto plazo, y enlazar sus realizaciones con las medidas que deben tender a más lejana ejecución, son tareas que requieren, por encima de todo, una vasta acción coordinadora. La coordinación sólo es posible cuando se cuenta con la vocación decidida de implantarla; la capacidad técnica para proseguirla; y el tiempo suficiente para consolidarla”.

El Consejo, funcionó en Larrea 1254; fue presidido por Perón, y su secretario fue el Dr. José Figuerola. Sus integrantes fueron: el general Julio Cecchi, los coroneles Domingo Mercante y Aníbal F. Imbert, el mayor (RE) Fernando de Estrada y el banquero Miguel Miranda. Además, se sumaron miembros de todos los ministerios, secretarías y organismos del gobierno, lo que garantizó que la visión sería absolutamente integral. Posteriormente fueron incorporados los empresarios Torcuato Di Tella, José Dodero, Guillermo Kraft, Eustaquio Méndez Delfino y Alejandro Menéndez Behety. También se sumaron los sindicatos y las Fuerzas Armadas. Perón puso en marcha el Estado, al servicio de las necesidades de su pueblo.

Las medidas que adoptó el CNP fueron muy acertadas, tanto en el orden económico, industrial, como en el político. Este plan se plasmó en un informe titulado “Ordenamiento Económico Social”, y fue la base del futuro Primer Plan Quinquenal del gobierno peronista.

Estos hechos históricos, son más que elocuentes para que el gobierno nacional tenga en cuenta los planes que debería poner en marcha para enfrentar la pandemia y el día después, un tema no menor. Perón en 1944 convocó abiertamente sin distinción, a todo el espectro político, empresarial, económico y social para enfrentar la crisis.

Seguramente la vida y costumbres después del Covid-19 no serán las mismas. Es tiempo que el gobierno promueva el diálogo sin confrontar, con respeto mutuo; debe crear puentes y consensos. Nada puede quedar librado al azar, a la improvisación o al ensayo-error. Es indispensable evitar las batallas secundarias, que implican alentar la grieta que sigue enquistada entre nosotros. 

El presidente para poder enfrentar las adversidades presentes, que se comparan a las de una guerra, debe poner en práctica las virtudes de la prudencia, la humildad, la fortaleza y la sinceridad. Debe dar el ejemplo cuando toma decisiones y en cada gesto.  Debe pensar en los demás, tratando de ordenar las cosas y no dar órdenes.

El norte debe ser el interés nacional y la dignidad del pueblo. Debería desarrollar un amplio programa de seguridad social, combatir la inflación y el aumento desmedido de los precios. Mejorar de modo efectivo las condiciones de vida de todos, fomentar las industrias y estimular el capital privado, en cuanto constituye un elemento activo de la producción y contribuye al bien común.

La premisa es que nadie se salva solo, que necesitamos una comunidad organizada para alcanzar el equilibrio y evitar la desigualdad social, que se potencia con los efectos de la pandemia. Hay que erradicar el egoísmo, y la codicia. De esta forma podríamos salir del abismo donde nos encontramos, y alcanzaríamos entre todos, el sano objetivo de poner nuevamente a la Argentina de pie.    

Por: Ignacio Cloppet

Miembro de la Academia Argentina de la Historia

Autor de “Perón Íntimo. Historias desconocidas”.

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