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CLOPPET: Malvinas, una derrota peleada vale más que una victoria casual

Ignacio Cloppet

Miembro de la Academia Argentina de Historia. Profesor de la Usal.

Las tropas argentinas lucharon dura y hábilmente resistiendo los ataques de los comandos de Marinos Reales y de cuerpos de elite del ejército británico. La derrota fue sin dudas la crónica de una muerte anunciada.

La derrota de Puerto Argentino, fue sin dudas la crónica de una muerte anunciada. La gesta de Malvinas tenía legitimidad, sustentada en el justo reclamo de soberanía del pueblo argentino usurpada por un reino agresor e invasor, pero lamentablemente no gozaba de legalidad por parte de quienes la llevaron adelante: la decadente junta militar heredera de la dictadura más sangrienta que hemos experimentado.

El 2 de abril de 1982 las tropas argentinas desembarcaron en Puerto Argentino, y sin derramar ninguna gota de sangre inglesa, recuperaron el territorio usurpado desde el año 1833.

El conflicto bélico duró 72 días, donde pasó de todo. Presiones de líderes mundiales; la acción diplomática que jugó un papel preponderante al servicio de los ingleses; el decisivo apoyo de los EEUU; la complicidad de Chile, traicionando la hermandad latinoamericana; el apoyo recibido de Perú y la solidaridad de otros pueblos; la tardía visita de Juan Pablo II; la decepción de la derrota.

En el ámbito militar, hubo actos heroicos de muchos soldados, suboficiales y oficiales de las tres armas. Destacamos la valentía y profesionalidad de los pilotos de guerra, como así también de los comandos y tropas de infantería.

En la ofensiva final, los ingleses se concentraron en tres posiciones: los montes Longdon, Harriet y Dos Hermanas. A las 23 hs. del 11 de junio, las fuerzas navales inglesas bombardearon ininterrumpidamente Puerto Argentino durante 48 hs. A las 02.50 hs. del día 12, los ingleses lanzaron un ataque terrestre convergente. Tomaron los montes Dos Hermanas y Harriet, iniciando el ataque final sobre las posiciones defensivas.

De esta forma se produjo la batalla final, la noche del 13 de junio, con el ataque que duró hasta el día siguiente, tomando posesión de los montes Tumbledown y Wireless Ridge. A las 9 hs. del 14 de junio, los británicos controlaban los límites de Puerto Argentino, donde se encontraban replegadas nuestras fuerzas, casi sin municiones.

Es de destacar, que las tropas argentinas lucharon dura y hábilmente resistiendo los ataques de los comandos de Marinos Reales y de cuerpos de elite del ejército británico. Como bien dijo el general San Martín: “Una derrota peleada vale más que una victoria casual”.

A las 16 hs. del 14 de junio, hubo un “alto el fuego”, pactado por los generales Moore y Menéndez. Se realizaron dos reuniones. En la primera se establecieron las condiciones de la rendición y en la segunda se firmó el acta de capitulación. El documento firmado por los generales Menéndez y Moore establecía una rendición incondicional. El término “incondicional” fue tachado y salvado con ambas firmas.

La guerra tiene consecuencias dramáticas, donde afloran la grandeza y también las peores miserias humanas. La guerra de Malvinas se perdió, militar como diplomáticamente. Si bien es cierto que en las distintas reuniones internacionales celebradas a lo largo de la contienda, el mundo había comprendido las razones argentinas y el carácter colonialista del conflicto, la balanza se inclinó a favor del poderoso, como siempre sucede.

La rendición fue cruel. No sólo por el sabor amargo de la derrota, sino por lo que significó la llegada a nuestro territorio de los soldados y militares. Sufrieron en carne propia la indignidad de los gobernantes, que silenciaron su arribo. Tristemente llegaron por la puerta de atrás, como si fueran delincuentes, sin reconocimiento alguno.

Ese tremendo destrato, dio comienzo a la desmalvinización, que empezó con la dictadura, y continuó con algunos gobiernos democráticos, que tampoco pusieron en valor a los ex combatientes.

No hay cosa más ingrata que despreciar a quienes entregaron su vida y se jugaron el pellejo por su patria. Por eso, como decía Borges, “hay derrotas que tienen más dignidad que la victoria”. Y esa dignidad es la de esos valientes hombres y mujeres que dieron el ejemplo de amor a la patria, llevado hasta lo más grande que el hombre puede dar: su propia vida.

Por eso mismo su sacrificio no fue en vano. Ya lo decía Tertuliano, cuando el Imperio Romano perseguía a los cristianos: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Lo mismo podemos decir si miramos a los que dejaron su vida en Malvinas, son semillas sembradas que un día darán sus frutos.

Para el entonces cardenal Bergoglio, el conflicto entre Argentina y Gran Bretaña por la soberanía de las Malvinas, se trata de un típico caso de “usurpación”. En este sentido me parece oportuno citar sus palabras pronunciadas el 2 de abril de 2008: “El conflicto es una parte oscura de la historia argentina que solo adquiere luz desde el coraje y la valentía de los que lucharon allí, tanto los que descansan en tierra y aguas propias como los que volvieron. Hay una herida abierta que sigue sangrando en el dolor de las madres y otros familiares que comparten con orgullo la gloria de los que ofrendaron su vida. El drama de los que lucharon y volvieron de Malvinas es nuestro drama porque nos pone delante de nuestra indiferencia y desamor. Nuestro estilo de vida elitista rechaza el fracaso, lo desvaloriza o lo esconde; no se deja enseñar de él. Es de buen argentino reconocer la valentía tanto de los que cayeron en esa guerra como los que murieron después a causa del silencio y la indolencia de la sociedad, o de los que sobrevivieron y hoy son testigos vivos de esa gesta. Existe una deuda ‘histórica’ que sólo será saldada cuando cada 2 de abril sea motivo de reflexión, de afirmación de la identidad nacional y el trabajo por la paz; sólo así la sangre de los 649 caídos no habrá sido derramada en vano”.

Acertadamente, el pasado 10 de junio, día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Islas Malvinas, el gobierno nacional anunció el envío al Congreso de 3 proyectos de ley, con el objetivo de reafirmar y darle estatus de política de Estado al reclamo de soberanía sobre las Islas, además de proteger los recursos naturales nacionales. Las iniciativas parlamentarias buscan crear un Consejo Nacional Asesor de Políticas sobre Malvinas, demarcar el límite exterior de la plataforma continental más allá de las 200 millas y elevar las sanciones a quienes practiquen la pesca ilegal en aguas argentinas.

Si bien hoy recordamos con melancolía una rendición, tengamos en cuenta lo que dijo Saramago: “La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio, la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva”.

* Voluntario del conflicto de las Islas Malvinas.

 

Fuente: Perfil.

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